martes, 14 de julio de 2009

COCINA AFRODISIACA

Ocurrió en un salón de belleza Ahí no se cuentan chismes, sino que se desbaratan hasta regidoras en turno, se revuelcan en el lodo y conforme van abandonando sus sillas ¡Que Dios les proteja la honra! Pero solo ocurre con los peluqueros que no son profesionales, los que no han sido instruidos y han abandonado la escoba porque alguien les descubrió el talento. Una dama, por cierto, públicamente respetable, llega a un salón de belleza y el propietario, quien además de lucir una cabellera despampanante porta unos jeans ajustados y una playera apretada a su cuerpecito, la saluda con tono musical diciéndole -¡Hay amiga, que bueno que ya viniste porque estás como “chucha” después de haber pasado el celo!- La señora perdió todo el respeto que aparenta tener para sentarse en su hábitat natural y seguirle la corriente al estilista quien monamente ordenaba que atendieran a su mejor clienta. La clienta se quitó los zapatos, tomó una revista y le preguntó al dueño del salón sí no había ido a verlo la “cachonda” de su comadre. Parecía ser que no hubiera nadie más en la estética y a la dama le importó un bledo que el resto ahí presente fuera testigo de su vulgaridad y la comunión entre el estilista y la supuesta dama fina… A partir de ese momento entre el estilista y la dama comenzaron a comentar intimidades de muchas mujeres que, aunque no mencionaban los nombres, al menos como un resto de respeto hacía el prójimo, no había necesidad de que lo hicieran, porque con los datos y señas que iban agregando a la charla, se iba descifrando o descubriendo de quién se trataba. A una lectora le habían recomendado ir a ese sitio, porque según la fama, el propietario era bueno para maquillar y mientras llegaba su turno, desde su asiento sin mostrar espanto estaba disfrutando de un espectáculo que hoy califica de asqueroso. La dama que acababa de llegar se despojó de inmediato del título de señora para convertirse en comadre del estilista porque conforme avanzaba la charla, ambos aplaudían con las manos llenos de emoción y el peluquero le daba palmaditas a la mujer que se revolcaba en su silla giratoria por la chispa de buen humor del hombre que torcía los labios según el clímax de la platica, y hacía bizcos. Mi lectora estaba espantada pero deseaba seguir ahí, fingiendo que leía con interés un artículo de sexo que se publica en esas revistas que leen las señoras de mucho mundo pero de escasa capacidad intelectual. Estaba interesada no por chismosa sino porque no podía dar crédito a lo que estaba viendo y escuchando, sobre todo porque conocía a la dama y sabía de su buena reputación. Y mientas contaban que el esposo de una chica de ascendencia judía, éste le había dado una patada a su esposa y ésta había rodaba por las escaleras, ella disimuladamente anotaba algunos datos porque era como estar en una conferencia en donde descubriría la verdad de muchas personas que ella creía de buena casta. –Y la esposa que casi se mata, todavía vive con él- comentó la dama, argumentando que la suegra de la muchacha, bueno no es su suegra porque no están casados, ella no intervino para que su hijo le pidiera perdón, a pesar de que la madre del muchacho golpeador, es miembro activo de las damas que se integran en la iglesia de la renovación cristiana, con este dato usted también ya sabe de quién se trata… Mi lectora ya tenía una hora en el salón de belleza y parecía ser que ni el estilista y propietario, tampoco las empleadas y un par muchachitos que parecían eunucos, se acordaban que había una persona en espera de que la atendieran, pero no había prisa, aquel chacoteo entre la dama y toda la putería, perdón, todo el personal de la estética, valía la pena la espera. Pero un peluquero que chacotea y se lleva de nalgadas, apretones de chiches y se convierte en “el querida” a todas sus clientas, se entiende que nunca fue a una institución para convertirse en estilista, maquillista o peinador, sino que abandonó la hechura de piñatas seducido por algunas que lo alabaron como buenísimo en la materia y que hoy mantiene en sus manos la vida íntima de muchas que llegan a verlo, dejarle información y abandonar el recinto con chismes renovados. Un estilista o persona egresada de una academia se supone que debe haber sido instruido para regular su comportamiento, y no me refiero a que se le prohíba moverse, sino a la distancia y respeto que debe guardar con sus clientes; de qué debe de platicar e incluso sobre la distancia entre él y su cliente, porque el mucho acercamiento puede dar lugar a otro tipo de intenciones. Tengo una amiga, ya vieja desde luego, que iba al salón de belleza cada cuatro días, claro, ella vive en el D.F., y allá por el estilo de vida y los compromisos la mayoría de las señoras acostumbran a ir dos veces por semana al salón de belleza. Convivió tanto con su estilista que, aunque le parezca imposible, ella le pidió el divorcio a su esposo para casarse con él. Muchas amigas le sugirieron que lo tomara como su amante en turno pero no casarse con él, pero mi amiga en verdad estaba enamorada y al lado de éste ha sido feliz por espacio de más de 30 años. En un academia de belleza el futuro estilista se instruye incluso en su manera de vestirse, porque la imagen debe ser un sello personal que de confianza a los clientes; el futuro estilista debe regirse con mucho respeto, no ser chismoso y mucho menor hacer se su escenario de trabajo un sitio en donde se batan o revuelquen los peores comentarios. El estilista debe ser muy limpio y por lógica, debe oler agradable, lavarse la boca cada cuatro horas, no masticar chicle y ser el confidente mudo de cada uno de sus clientes, porque no es válido despotricar del cliente, sobre todo sí ésta resultó con piojos en la cabeza o seborrea. Y es que el estilista se puede llegar a convertir en el confidente íntimo de una cliente, porque ésta deposita toda la confianza de su arreglo en manos de un personaje que se toma el permiso para tutearla y conforme va creciendo la confianza, éste puede llegarle a la clienta hasta por debajo del calzón. Y no es invento, así se muestran a diario. Y es que de pronto muchas señoras que no parecen, se hermanan con estos muchachos que actúan según las hormonas y cuando entre ambos ocurre algún pequeño desencanto, que se atenga la clienta, porque el estilista al tener su vida en sus manos la hace pública y todavía le agrega más veneno para desquitarse ¿de qué? Nadie lo sabe, pero así es esto. Cuando vaya a un salón de belleza hable poco y solo escuche, pida al estilista en caso de que éste le vaya a teñir el cabello, que por favor abra la caja de pintura y la prepare a su vista, porque luego sucede que le enseñan la marca de una pero le aplican de otra que cuesta ochenta por ciento menos, así que, el teñido le durará poco y el estilista dará muchas razones del porqué, siendo usted la culpable por no cuidárselo. Procure no enemistarse con su peluquero antes o cuando éste esté cortándole el cabello, porque como ya hemos dicho se rigen por las hormonas, podrían dejarle toda la cabeza “tusada”. No es conveniente que intimide con él, aunque muchas creen que al volverse amigas del peluquero éste las convertirá en bellas o les hará un trabajo excelente, y otras cometen el error garrafal de llevarlo todavía a sus fiestas en donde éste se suelta el pelo y comienza a hacer desfiguros, solo porque es amigo íntimo de la anfitriona. Claro que esto no sucede en todos los salones de belleza, sino solo con algunos cuantos. De todas formas bien vale la pena que sea discreta y se trate con respeto con éstas personas que tienen el arte en las manos pero que son muy comunicativos, sobre todo no tienen prudencia para comentar lo de la última clienta que acaba de abandonar la silla giratoria. Es más, es común que otras se enteren cuando el estilista no desea recibir a fulana de tal porque le cae mal, porque no le paga o simplemente porque ésta es bonita. Y no se cuidan para hablar, lo hacen frente a usted y usted debería de poner sus barbas a remojar porque así como despotrica de una igual lo hará con usted cuando le llegue su turno. Amén. Para comentarios escríbeme morancarlos.escobar@gmail.com afrodisiacacocina@yahoo.com.mx

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